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Consolidar deudas sin trucos: una aproximación objetiva
Como contrapartida al auge que tuvo el consolidar deudas con garantía hipotecaria, sobrevino una campaña de desprestigio de esta herramienta financiera.
Una vez que se generalizó el uso de el consolidar deudas, mediante este sistema de extensión se hipotecas, ocurrió que, como en casi todos los nuevos productos financieros, hubieron ciertas personas que no pudieron hacer frente a dichas obligaciones y en consecuencia, podrán decir que su experiencia con el consolidar deudas de este modo fue decididamente mala, hasta incluso podrá haber quien diga que nunca lo volverá a hacer. El problema principal al que se enfrentan estas personas que se levantan en contra de este instrumento financiero, es justamente esa actitud. El tomar partido frente a una herramienta financiera es un error en su base lógica. No creemos que existan malos o buenos planes de financiación, ni malos o buenos préstamos. Simplemente existen herramientas que se adaptan a una persona y otras que, si bien pueden ser muy exitosas con otras personas, no logran adecuarse a determinada realidad.
Antes de buscar la explicación en nombrar a un plan de financiación como una obra del mal, la persona debería ponerse a pensar que fue lo que falló en su caso particular.
Generalmente, el principal motivo que lleva al consolidar deudas al fracaso es la falta de información o la deformación de la misma, a causa de malas interpretaciones. Esta deformación de la realidad, es en esencia una expresión de deseo por parte del usuario. Ocurre que el comprador del contrato, es decir, quien tomó la decisión de consolidar deudas y se dirigió a su casa financiera de confianza, lo hizo buscando una salida a una situación que puede parecer un tanto apremiante. El usuario, que por lo general no tiene los conocimientos de finanzas mínimos como para analizar el caso cabalmente, suele cargar esta alternativa con su propia animosidad y creer que si este contrato sirvió para su vecino, también lo hará para él. Es aquí justamente cuando la voluntad del comprador y la del vendedor pueden combinarse, teniendo como resultado al firma de un contrato que puede no estar ajustándose perfectamente a las necesidades del usuario, tal como debería hacerlo un buen contrato de reunificación de deuda.
Es en estos casos donde tiene su origen la mala fama del consolidar deudas. Lo que el público debería saber es que no existen buenas ni malas herramientas financieras, sino que si existen es porque son de utilidad. Lo que sí puede ocurrir es que no sea la herramienta ideal para la realidad de cada individuo, en cuyo caso se deberá buscar la herramienta ideal, ya que el mercado financiero está en crecimiento constante y nuevas opciones para el préstamo de capital surgen cada día.
Una persona que pretenda acudir a solicitar una ayuda financiera a un banco, antes debería realizar un detallado análisis de su propia situación. El indivuduo debería intentar, en base a los flujos actuales, los movimientos de efectivo que espera que tengan lugar en la economía de su hogar. Es muy importante determinar los montos que se manejarán, pero tan importante como las cantidades de efectivo, es fundamental conocer el momento en que dichos flujos tendrán lugar. Esto permitirá al usuario saber exactamente si podrá cumplir con una cuota que tenga su vencimiento en determinada fecha.
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